RECREO: EL ARTE DE VOLVER A JUGAR JUNTOS EN BAHIDORÁ

En Bahidorá, el encuentro sucede más allá de los escenarios. Sucede cuando bajamos el ritmo, cuando observamos; cuando el cuerpo se mueve sin prisa y el juego nos recuerda quiénes somos y cómo podemos divertirnos. Sucede cuando el arte aparece en el camino, la imaginación se activa y el tiempo cotidiano se transforma.

El Recreo y el Circuito de Arte son ese territorio donde el tiempo se detiene y la curiosidad toma el mando. Espacios vivos dentro del festival donde el arte se experimenta, se toca y se comparte. Aquí, la creación no se observa desde lejos: se habita con el cuerpo y con la disposición a sorprenderse.

Entre la selva y el río de Las Estacas, Recreo se despliega como un cúmulo de experiencias que celebran el movimiento, el juego y la conexión humana. Cada actividad es una invitación a participar, a descubrir nuevas formas de expresarnos y a encontrarnos desde lo lúdico, lo sensible y colectivo.

El pulso común se enciende con Rain Maker y su Polyrhythmic Experience, un taller de percusión africana donde el ritmo se convierte en lenguaje compartido y el cuerpo recuerda cómo escuchar. El juego se vuelve celebración con Clubcito, que presenta el Torneo Oficial de Ping Pong Bahidorano, una colaboración donde la competencia es apenas un pretexto para convivir, encontrarse y reír.

El asombro aparece en movimiento con Isak, un crew de malabares que recorre Recreo y se desplaza por el río, llevando el arte a donde menos se espera y convirtiendo los trayectos en escenarios espontáneos.

El cuerpo encuentra equilibrio, confianza y apoyo mutuo en el taller de acroyoga con Diana, mientras Andrea invita a caminar el presente a través del slackline, un ejercicio de atención, juego y presencia compartida.

La magia también habita Las Estacas. Marcus John y Edrian traen ilusionismo y misterio, recordándonos que no todo necesita explicación para ser real y que aún hay espacio para el asombro genuino. La exploración emocional y energética se abre con las lecturas de tarot de Flor Eguia, guiadas desde una visión positiva, artística y sensible, ofreciendo un espacio íntimo de reflexión dentro del festival.

En Recreo, el arte también se aprende con las manos. Ele Rodríguez comparte el proceso del estampado textil, invitando a experimentar con materiales y a llevarse una pieza creada desde la experiencia. Hoopalooh propone a girar y fluir con el hulahooping, celebrando el movimiento libre, el ritmo propio y el gozo corporal. Siguiendo con la exploración y el gozo del cuerpo, Río presenta un taller de Shibari, arte japonés que utiliza cuerdas para atar cuerpos, creando patrones estéticos y geométricos con fines artísticos, sensuales, o de conexión desde una perspectiva consciente, estética y respetuosa, donde el vínculo, la comunicación y la confianza se entrelazan.

Como parte de este territorio de juego y participación, el Circuito de Arte de Bahidorá, es conjugado por una serie de instalaciones, obras y universos visuales que dialogan con la naturaleza, el paisaje y el pulso del festival, invitando a recorrer Las Estacas con otra percepción.

La artista audiovisual y escultora Celestial Brizuela presenta una obra donde la miniatura, la animación y la poesía visual construyen mundos delicados y vibrantes. A través de maquetas, objetivos y paisajes animados, su trabajo da vida a lo aparentemente inerte, creando escenas donde lo íntimo y lo fantástico conviven.

Manolo Garibay articula arte, territorio y memoria desde una práctica profundamente ligada al paisaje rural. Su obra, que cruza pintura, escultura, imagen y performance audiovisual, dialoga con el entorno natural de Bahidorá, activando preguntas sobre el habitar, la tierra y el tiempo.

Desde una mirada crítica, sensible y feminista, María Antonieta de la Rosa presenta una propuesta textil y gráfica donde el bordado se convierte en lenguaje de resistencia, memoria y visibilización. Sus piezas nombran ausencias, cuerpos y luchas, entrelazando arte y activismo.

El proyecto Máscaras de Alambre, creado por David Miguel Herrera y Pablo Cobo, irrumpe en el circuito con esculturas e instalaciones que exploran la identidad, la emoción y la condición humana. A través del alambre, la indumentaria y el performance, sus obras buscan generar un vínculo directo con quien las observa, invitando a la introspección.

Submarina MX es una plataforma nómada de educación ambiental nómada cuyo eje principal es una instalación de arte hecha con residuos sólidos urbanos, con el objetivo de fomentar la empatía y el cuidado del planeta, del agua y de los seres que aquí vivimos. Este trabajo escultórico abre un espacio de reflexión sobre la percepción, territorio, y la relación de lo natural desde una mirada contemporánea.

El proyecto MINENA, dirigido por Gaby y María del Mar Carbonell, presenta la instalación de Minenamos, un personaje simbólico y misterioso que habita entre la moda, la narrativa y el arte. Abierto a múltiples interpretaciones, Minenamos invita a cada visitante a completar su historia desde el deseo, la imaginación y la experiencia sensorial, acompañada por un relato que dialoga con la música y el espíritu del festival.

Pablo Zeta, artista polímata y creador de universos como Planeta Otto, suma al circuito esculturas y personajes donde el humor, la ciencia ficción emocional y la crítica a lo humano conviven. Su obra propone mundos alternos que se expanden entre la escultura, el dibujo y la narrativa visual.

Finalmente, el proyecto audiovisual SSPHS transforma luz, datos y tecnología en atmósferas inmersivas. A través de proyecciones y sistemas lumínicos, su trabajo explora los límites de la percepción, creando espacios donde la realidad parece vibrar y revelarse en nuevas capas sensoriales.

Recreo y el Circuito de Arte son ese lugar donde volvemos a jugar como cuando todo era nuevo. Donde el arte no se impone: se descubre. Donde el cuerpo, la mirada y la imaginación se convierten en puentes.

En Bahidorá, recrear y crear son formas de encontrarnos y cuando coincidimos con el corazón abierto, algo se enciende.




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